Ariella
Me acomodé, girando en sus brazos para poder mirarlo de frente. Su mirada bajó a mis labios y luego regresó a mis ojos, como si se estuviera recordando a sí mismo mantenerse presente. Mantenerse bueno.
—Gracias —le dije.
—¿Por qué?
—Por regresar. Por quedarte. Por... intentarlo.
Estudió mi rostro durante un largo momento, luego se inclinó y presionó su frente contra la mía.
—No soy muy bueno haciendo las cosas de la manera fácil —dijo—, pero no me voy a ir a ningún lado.
Le creí.