—No —hablé rápidamente—. No lo hagas.
Miré de reojo a Leon y luego volví a mirar a Asher.
—No quiero que entienda lo que pasó. Él no sabía lo que estaba ocurriendo.
Asher asintió lentamente. Su mandíbula se tensó, pero lo aceptó.
—Lo que quiero decir es —continuó—, que Leon es nuestro hijo. Y lo quiero cerca. Hasta que llegue el momento de introducirlo en nuestro mundo… estará protegido.
Le apreté la mano con fuerza.
—Gracias —dije.
—Nunca tienes que agradecérmelo —respondió—. Debería e