Asher me levantó de la isla de la cocina en sus brazos como si fuera una muñeca y subió las escaleras hacia los dormitorios como si estuviera familiarizado con el lugar. Estuve a punto de preguntarle justamente eso cuando él gruñó:
—¿Cuál es el tuyo?
Señalé hacia mi dormitorio con el dedo y, tan pronto como estuvimos dentro de dicha habitación, me arrojó sobre la cama. Reboté en el colchón e intenté incorporarme, pero fui azotada hacia abajo otra vez cuando su peso se estrelló sobre mí y sus d