Finalmente, Luca se detuvo. Dana y yo lo quitamos de encima, aunque sabía que solo fue porque él lo permitió.
Tan pronto como Luca estuvo lejos, Dana corrió al lado de Alan. Sus manos temblaban mientras lo ayudaba a levantarse.
—Oh, Dios mío…
Alan se veía terrible. La sangre le manchaba el rostro, aunque ni siquiera podía distinguir de dónde venía… de la nariz, de la boca, de la frente. Era demasiado.
No podía mirarlo. Me volví hacia Luca. Él tampoco había salido ileso; tenía el labio partid