Alan sonrió.
—¿Me llamaste Romeo? Creo que no estoy tan lejos de serlo.
María suspiró y se volvió hacia mí.
—¿Llamamos a la policía o no?
—Está bien, María —dije—. Es el hermano de Dana. No creo que se conozcan todavía, pero él es…
—En realidad sí nos conocemos —interrumpió María—. Ayer, ¿recuerdas? Cuando estabas ocupada comiéndotelo con los ojos.
—¿Me estabas comiendo con los ojos? —preguntó Alan, claramente divertido.
—Cállate —espetó María—. Si no lo vas a llevar a la policía, me voy