Asher respondió suavemente a mis acciones dándome besos con la boca abierta por el cuello y a lo largo de mi mandíbula hasta que, finalmente, su deliciosa boca estuvo sobre la mía otra vez. Sus besos. Lo eran todo. Un solo beso borraba mi temor y disolvía el tiempo. Era una sensación indescriptible de plenitud, como la unión de piezas que nunca supe que faltaban hasta que, de pronto, aparecieron allí.
Su mano subió hacia mi cuello y su beso se volvió más profundo mientras un bajo gruñido resonó