Mundo ficciónIniciar sesiónDamián tomó mi mano fantasmal con dedos que atravesaron el holograma y dijo las tres palabras que cambiarían todo: "Acepto el trato", y por primera vez en dos siglos sentí que alguien me veía realmente—no como heroína, salvadora o sacrificio, sino como mujer cansada que merecía descansar.
El cristal donde flotaba mi consciencia del tres por ciento pulsó con algo que podría haber sido alivio o tristeza—probableme







