La habitación estaba oscura, pero el brillo de la pantalla frente a Rebecca bastaba para iluminar el plano tridimensional de la mansión Bovari. Los puntos rojos marcaban cámaras, entradas secundarias, sensores. Los azules: vías de escape. Los verdes… puntos ciegos.
—En tres días tendrás la primera reunión con Silvia —dijo Jones, apuntando al mapa—. Usarás la identidad de Isabella D’Amore. Inversora extranjera, aficionada a la moda, discreta, elegante y sin pasado en los registros de las mafias