El silencio reinaba en los pasillos ocultos del nuevo refugio subterráneo. Las paredes blindadas eran testigo de una paz tensa, de esas que anuncian tormenta. Las cámaras de seguridad ya estaban conectadas a un nuevo sistema —seguro, encriptado, y administrado únicamente por Rebecca, Andros y pablo, el hombre más confiable de la familia Bianco.
O eso creían.
Rebecca dormía con una de las gemelas en el pecho y la otra a su lado, mientras Andros observaba informes en la sala de operaciones. Todo