Evan se baja con prisa y me abre la puerta.
—Me parece que deberías ir tú —Le digo, señalando mis pies descalzos, ya que me quité el otro zapato.
Me toma en los brazos y me baja en la puerta, empieza a tocar y Douglas abre. Se sorprende un poco al vernos juntos.
—¿Cómo estás? —Le pregunta Evan.
—No fue nada grave —responde acomodándose el sombrero, tiene algunos golpes en la cara—. Tu primera visita en mi casa y encuentras todo revuelto —dice avergonzado, mirándome.
—Lo importante es que es