Al llegar a la casa, me toma en los brazos para entrar.
—Bienvenida a su casa, señora Dawes —Me pone en el suelo con cuidado y me lanzo a sus brazos para besarlo, intento quitarle rápidamente la ropa y me detiene.
—Eres muy inquieta —sonríe—. Vamos a disfrutarnos como nunca antes.
Me alza llevándome a la habitación y me doy cuenta que la tiene decorada con pétalos blancos, la emoción me sobrepasa y empiezo a llorar.
—Lo siento —me disculpo—. Nunca me imaginé que pudiera sentirme tan feliz.