61. Bienvenido
Hunter la esperaba afuera y aceleró el paso para ponerse frente a ella, impidiéndole el avance. Cuando lo miró con cara de pocos amigos, él señaló abajo y la hizo darse cuenta de que seguía descalza y con los zapatos en la mano. Así que se negó a pensar en los cuchicheos del personal judicial que despertó en los pasillos que acababa de dejar atrás.
—¿Estás bien? —Su ceño se arrugó y reconoció esa mirada de interrogatorio militar, así que fingió estarlo.
—Claro, solo estoy muerta d