Alejandra Marie Costa
—Hola, señorita está ahí me escucha puede decirme su nombre…
Ya ni respondo mis ojos se inundan de lágrimas por el terrible dolor en mi vientre, comienzo a quejarme audiblemente atrayendo la mirada alarmada de Lisseth.
Que se mueve de prisa en mi dirección tomando el teléfono mientras me sostiene con un brazo con cuidado, manteniendo su rostro sereno.
Lisseth corta la llamada sin molestarse en responder a la insistente mujer al otro lado de la línea. Mientras me ayuda lleg