Elara se acomodó en su silla, con la taza entre las manos, fingiendo interés en el té que ya no sabía a nada. Grace seguía hablando sobre Caroline, sobre su energía vibrante, sobre lo mucho que esperaba que se llevaran bien. Elara asentía, respondía con frases cortas, pero su atención estaba dividida.
Keith no la miraba directamente ahora. Parecía concentrado en su café, en el periódico doblado junto a su plato. Pero Elara lo conocía. Esa calma era una máscara. Y entonces, lo sintió.
Un roce.
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