Elara no podía esperar a que Duncan saliera de la ducha. El sonido constante del agua era un recordatorio insistente de su propia mentira y de la intimidad que, de repente, le era insoportable. El miedo a que él saliera, la viera, y con un simple abrazo o un beso intentara reanudar la vida que habían dejado, era una carga que no podía soportar. Ella sabía que, si se quedaba un minuto más en esa suite, su máscara se rompería en pedazos.
Salio fuera de la habitación con cautela, moviéndose rápida