La luz del candelabro, cálida y antigua, luchaba contra las sombras que se acumulaban en los rincones del opulento comedor. Se reflejaba, en la caoba pulida de la mesa, una pieza antigua que había visto generaciones de Frasers cenar bajo un mismo techo. Fuera, el viento de las tierras altas susurraba una fría brisa contra los ventanales, un sonido melancólico que contrastaba con la falsa paz creado por el crepitar del fuego en la chimenea y el profundo aroma a estofado de cordero y hierbas.
Gr