—Ya no soy un niño papa—impugno Duncan. Elara dio un par de pasos hacia el muro para apoyarse un momento—puedo tomar cuando yo quiera y como yo quiera.
—Ese no es el jodido problema, Duncan—lo sermoneo su padre— tu boca se afloja bastante cuando estás ebrio. Tuve que despedir a buenos empleados que escucharon tus estupideces. ¿Lo recuerdas?
Duncan no dijo nada, Elara solo escucho silencio y el sonido de la brisa que provenía del exterior, como una promesa de que el clima cambiaria.
—¿Le has con