—¿Estás seguro? —indaga sabiendo bien la repuesta.
—Las cámaras no miente, preciosa; uno de los nuestros fue el traidor —le contesta.
—¿Y saben quién es? —inquiere sin poder salir por completo de su estupor.
—Nop —le responde—. Conocía bien donde estaban las cámaras y mantuvo su identidad lo más oculta posible —explica y ella aprieta con fuerza su celular—. Pero —continúa alargando la palabra—… puedo jugar un poco con su complexión y lo poco que tengo de su rostro para ver que puedo hallar y re