—Gaby —musita.
—No —La detienen—. Si no es reciproco, no quiero oírlo.
Se da media vuelta y se aleja del cuerpo de ella, haciéndoles notar a ambos la pérdida del calor de sus cuerpos unidos.
—Gaby —lo llama, girándose para seguirlo.
—No importa, Noe —entona acomodándose la ropa.
—Gabriel —vuelve a intentar.
—Se hace tarde —se limita a decir y sale de la habitación dejándola sola, fría y desconcertada.
El joven camina hasta la cocina, abre el refrigerador y saca una cerveza, la cual abre con el