Asher
Me quedé mirando el mapa que tenía ante mí, con la mente a mil por las implicaciones de todo lo que acabábamos de descubrir. El hedor de la muerte aún flotaba en el aire, mezclándose con el olor a humedad de los libros antiguos. No podía quitarme de la cabeza la imagen de los animales sacrificados en el pasadizo secreto bajo la habitación de nuestro padre, con sus cuerpos amontonados unos sobre otros, y un hedor tan repugnante que hasta los estómagos más fuertes se veían afectados. No me