Willow
En cuanto volví a entrar en la casa, me apoyé pesadamente contra la puerta y me llevé una mano al pecho. Mi corazón latía con fuerza, como si hubiera estado corriendo durante kilómetros.
¿Por qué me había entrado el pánico? La reunión con los trillizos había ido mejor de lo esperado, pero algo dentro de mí me inquietaba. ¿Era culpa? ¿Miedo? Una inquietud punzante me recorrió la espalda. No podía dejar de pensar en lo que pasaría si se enteraban de lo de los niños.
Exhalé temblorosame