Con un gesto de su mano, las puertas se abrieron de golpe. Siria se quedó paralizada al ver a todos los del centro mirando. Sin pronunciar palabra, él la tomó de la mano y la guió hacia la salida, directo a su hogar.
—Perla — Ordenó con voz firme— Serás responsable de ella. Que le preparen un baño y se arregle para esta noche —
De su magia surgió un aro de luz que tomó forma de pulsera. La colocó en la muñeca de Siria, y el brillo se desvaneció lentamente.
—Será mejor que no intentes escapar. T