La magia se mezcló con el aire tibio del cuarto, y cuando finalmente se dejó caer sobre las sábanas, el cansancio lo venció poco a poco. El calor, el vino y el peso de tantas emociones lo envolvieron hasta quedar dormido.
Entonces, otra vez el sueño.
La claridad del amanecer lo recibió sobre un extenso campo de flores. El aire olía a miel y a tierra fresca. Frente a él, una figura luminosa lo observaba con esa serenidad que siempre le hacía sentir pequeño.
—Ja, ja, ja… aún no te acostumbras a e