La magia se mezcló con el aire tibio del cuarto, y cuando finalmente se dejó caer sobre las sábanas, el cansancio lo venció poco a poco. El calor, el vino y el peso de tantas emociones lo envolvieron hasta quedar dormido.
Entonces, otra vez el sueño.
La claridad del amanecer lo recibió sobre un extenso campo de flores. El aire olía a miel y a tierra fresca. Frente a él, una figura luminosa lo observaba con esa serenidad que siempre le hacía sentir pequeño.
—Ja, ja, ja… aún no te acostumbras a ella — Dijo Koran, su patriarca, con una sonrisa casi paternal.
Andy lo miró sin poder contener una mueca cansada —Mi señor… quiero tener a mi hijo—
Koran bajó la mirada, y la luz a su alrededor titiló suavemente —Aún no, Andy. Debes ser paciente —
El hechicero respiró hondo, intentando contener la frustración —Solo falta Anfu — Dijo—En cuanto se dé la gestación de su hijo, el tercer sello se romperá. ¿Cuánto más debo esperar? —
Koran se acercó y posó una mano sobre su hombro. La calidez de su to