—Mi señora — Susurró, su voz cargada de respeto y cariño.
—Cuídalo mucho, su corazón es noble y te ama — Respondió la matriarca, su presencia flotando como un suspiro entre la luz de las luciérnagas.
—Seré la correcta para llevar esta carga — Dijo Hillary, apretando suavemente la mano de su hijo, sintiendo un nudo de responsabilidad y amor en su pecho.
—Lo eres, y ya eres parte de él. Lo sientes en todo tu cuerpo, ¿Cierto? —La voz de la matriarca era cálida, firme, pero llena de sabiduría.
—Sí —