Le rozó la mejilla con un beso antes de marcharse, dejándole entre las manos una pulsera finamente trabajada, réplica de la que alguna vez llevó Siria. Le explicó su propósito en voz baja, y cuando se alejó, Mildred la sostuvo un momento, sintiendo su poder vibrar suavemente.
Entonces supo que debía prepararse. Entrenar. Algo grande se acercaba, y ni siquiera los clanes más antiguos estaban listos para ello.
Pasaron unas semanas, y Sujhan comenzaba a dominar con mayor precisión su energía, tal