Sin previo aviso, Wesly agarró del brazo a Dinea con mano de hierro y la lanzó al suelo. El impacto resonó en la sala; Ninfs y Kindle contuvieron el aliento. Justo mantuvo a su hija en brazos, la mirada en llamas.
—¿Quién te dio eso? — Escupió Wesly— ¿Por qué nos fallas, niña? —
Dinea balbuceó, asustada; Kindle buscó en sus ojos una explicación que no llegó. Justo, con la calma helada de quien ha sido traicionado, la dejó hablar.
—Mi señor — Tartamudeó Dinea— Yo no quise... —
—¿No quisiste qué?