ALEXANDER HAMPTON
Bajamos juntos en el ascensor, pero el momento de intimidad tuvo que guardarse en el cajón de los secretos en cuanto las puertas de metal se abrieron en el estacionamiento.
La realidad volvió.
El plan era simple: después de la boda de hoy, Damian y Stella se irían de luna de miel. Dos semanas. En cuanto regresaran, haríamos una cena y se lo contaríamos a su familia. Terminaría la farsa. Terminarían los autos separados.
Pero, por hoy, todavía teníamos que mantener el teatro.
Li