ELIZABETH WINTER
Me desperté con un sonido insistente.
Irritante. Como un mosquito zumbando en mi oído, decidido a arruinar mi merecido sueño. Intenté ignorarlo, hundiendo la cabeza más en la suave almohada que olía vagamente a colonia barata y... ¿arrepentimiento?
No era un mosquito. Era mi celular.
Abrí un ojo con desgana. La luz del sol de California entraba sin piedad por la rendija de la cortina, anunciando que la mañana ya estaba muy avanzada. Mi cuerpo protestó cuando me di la vuelta, co