STELLA HARPER
La manecilla del reloj de la pared parecía moverse más lenta de lo habitual. Ya pasaban de las seis y el café estaba casi vacío; solo dos clientes hojeaban periódicos en las mesas del rincón. Yo estaba detrás del mostrador, revisando por tercera vez la caja del día. Me dolían los pies, me pesaban los ojos, pero había algo reconfortante en la rutina.
—Stella —la voz grave a mi espalda me hizo levantar la mirada.
Alexander estaba parado en la puerta, con esa sonrisa que casi siempre