STELLA HARPER
El café estaba silencioso aquella tarde. La rutina había sido intensa desde primera hora y, con Alexander viajando a San Francisco, yo me quedaba sola con la responsabilidad administrativa. Repasaba los informes de ventas intentando mantenerme concentrada, pero mi mente se escapaba hacia direcciones que no quería.
La puerta del despacho se abrió despacio y Larissa entró, ya con el abrigo puesto y el bolso colgado del hombro.
—Voy a buscar a los niños al colegio, ¿vale?
Levanté la