STELLA HARPER
El beso de él me consumía, robándome todo el aire de los pulmones. Era como si estuviera atrapada en una ola de la que no había regreso posible. Cada vez que pensaba en empujarlo, mi boca se abría aún más para recibirlo, mi lengua respondía a la suya como si hubiera sido entrenada para eso y me entregaba por completo a sus manos.
Y entonces, como si el beso no fuera suficiente, sentí cómo Damian empezaba a guiarme, a pasos lentos pero decididos, hasta la cama. El cuarto parecía en