STELLA WINTER
El resto del viaje fue soñoliento y feliz, arrullado por el suave zumbido del jet privado y la sensación del hombro de Damian como mi almohada. Me desperté cuando sentí que el avión aterrizaba suavemente. Afuera, la oscuridad de la noche había dado paso a un cielo de un azul tan vibrante que parecía pintado.
Un auto nos llevó desde el pequeño aeropuerto privado por un camino bordeado de hibiscos y palmeras; el aire cálido y húmedo entraba por la ventana, con olor a sal y flores ex