DAMIAN WINTER
Tomé el auto y conduje hasta la oficina de Elliot. Durante todo el trayecto, mi cabeza repasaba la información y las medidas que podría o tendría que tomar.
No podía equivocarme.
Cuando llegué, Elliot ya me estaba esperando. Estaba apoyado en el escritorio, con la camisa de vestir arremangada hasta los codos, la corbata floja y una pila de documentos esparcida a su alrededor.
—Parece que pasaste toda la noche despierto —comenté, cerrando la puerta detrás de mí.
Me lanzó una mirada