DAMIAN WINTER
—Vine a ver a mi hijo.
La frase quedó suspendida en el aire, pesada, como si hubiera derramado ácido en el suelo. Nathan se encogió de hombros y una media sonrisa jugaba en sus labios, irritante, desafiante.
—¿De qué diablos estás hablando? —pregunté, fulminándolo con odio.
Inclinó la cabeza, como si estuviera explicando algo demasiado obvio.
—Estoy hablando de tu hijo, Damian. O mejor dicho, de mi hijo. Danian.
Un espeso silencio se esparció por la cafetería. Hasta mi padre, que