Tres días después.
Para Damian, aquellos tres días no transcurrieron como el tiempo normal. Cada segundo se sintió como una lenta tortura que ponía a prueba los límites de su cordura. El sonido rítmico del *monitor junto a la cama* dentro de la sala de aislamiento estricto parecía haberse convertido en el tic tac de una bomba de tiempo, lista para estallar en cualquier momento. Cada vez que una luz indicadora parpadeaba o una alarma emitía un breve pitido, sentía que su corazón dejaba de lati