Aquella noche, Livia apenas pudo dormir. Cada vez que cerraba los ojos, el rostro de Damian volvía a aparecer en sus recuerdos, especialmente la expresión confundida en su mirada. El tono de su voz cuando le dijo que había alguien que le estaba mintiendo. Sin embargo, cada vez que la duda comenzaba a abrirse paso en su interior, Livia volvía a recordar la pila de pruebas sobre su escritorio. Ya había tomado una decisión y, esta vez, no daría marcha atrás.
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