—Ha pasado mucho tiempo, Damian.
Aquella voz hizo que la respiración de Damian se entrecortara.
—¿Livia...?
La mujer estaba de pie a pocos pasos de él. El vestido blanco que llevaba se movía suavemente bajo la brisa nocturna. Su mirada no era tan fría como de costumbre. Ya no existía aquella barrera infranqueable que siempre parecía separarlos.
Damian la observó sin pestañear.
—¿Qué haces aquí? —preguntó con voz ronca.
Livia esbozó una leve sonrisa.
—Solo quiero preguntarte una