La mañana llegó demasiado rápido.
Cecelia estaba de pie frente a la ventana de su habitación, contemplando la ciudad que comenzaba a despertar. Sus dedos rodeaban con fuerza la taza de café que había perdido el calor hacía varios minutos. Su mente seguía ocupada por la imagen de Damian la noche anterior. La mirada de aquel hombre. La confusión reflejada en sus ojos. Y el nombre que, desde hacía mucho tiempo, debería haber permanecido enterrado en el pasado.
Olivia.
Cecelia apretó los puños.