Ambos, Bastián y Marcus, eran todo lo contrario el uno del otro, como el Ying y el Yang, el lado bueno y el lado malo.
Y aunque Bastián arrastraba a Carmen hacia la oscuridad, como un pecado, como una tentación o una adicción, como el fruto prohibido que la llevaba hacia el lado malo, aun así, le era difícil tener que dejarlo.
— ¿Qué dices?, puedes huir conmigo esta misma madrugada, si quieres, cuando termine la fiesta y todos se hayan ido, yo te esperaré afuera… — Insistió Marcus al verla du