Mundo ficciónIniciar sesiónEl estudio se sentía más pequeño que diez minutos antes. Las sombras proyectadas por el fuego agonizante parecían trepar por los muros como dedos que alcanzaban, y el olor al tabaco del señor Crespo persistía en el aire, un recordatorio viscoso de la presencia del viejo. Me quedé mirando la mesa, el corazón golpeando las costillas en un ritmo frenético e irregular.
—Encontraré







