Mundo ficciónIniciar sesión—No podemos simplemente romper los sellos de los carruajes, Alejandro —dije, la voz cortando el pesado y sofocante silencio del salón arruinado—. Si golpeamos los trenes de equipaje sureños y no encontramos nada, le damos al Alto Consejo la soga para ahorcarnos. Necesito moverme. Necesito hacer algunas preguntas fuera de esta sala.
Alejandro no me miró. Mantuvo los ojos dorados fijos en el panel de la ventana c







