(POV de Alejandro)
El arruinado salón del alto consejo olía a ceniza fría, vino derramado y madera podrida. Paseé el perímetro de la derrumbada mesa de roble, las pesadas botas de cuero crujiendo sobre los fragmentos rotos de cálices de plata y los bordes rasgados de los mapas de pergamino. La inicial y cegadora explosión de la rabia había pasado, enfriándose hasta convertirse en una aguda y altamente concentrada paranoia que hacía que cada sombra a lo largo de los pilares de granito pareciera