Mundo ficciónIniciar sesión—Hacedlos entrar —rugí, el sonido desgarrándose de la garganta como el gruñido de una bestia moribunda.
Las pesadas puertas reforzadas de hierro de la sala de guardias principal se golpearon contra los muros de piedra, haciendo vibrar todo el suelo de los barracones. Fuera, la ventisca aullaba por el patio, pero dentro el aire era sofocante, espeso con el olor a baratas velas de sebo y el terror absoluto de veinte







