Después de darnos nuestro merecido reencuentro, yo volteé a ver a Dimitri; él estaba boca arriba con un brazo debajo de su cabeza, se veía pensativo. Yo me acerqué un poco más a él y puse mi barbilla en su pecho; él bajó la mirada y me quedó mirando.
— ¿En qué piensas? ¿No te fue bien? — le pregunté.
Él me sonrió de medio lado.
— Asuntos familiares — me dijo.
Yo me senté en la cama.
— Déjame adivinar. Te han pedido que te cases con alguien, y tu has dicho que no, pero resulta que desde niños ha