Mundo ficciónIniciar sesiónImagina un mundo de intrigas, pasiones y secretos... El presidente de Estados Unidos y su enigmática secretaria se ven atrapados en una danza peligrosa entre el deber y el deseo. Mientras luchan por mantener su relación en secreto, quedan envueltos en conspiraciones políticas y amenazas que podrían cambiar el rumbo de la nación. ¿Podrán resistir la tentación y proteger su amor mientras el mundo observa?
Leer másSharon Foster.
¿Qué hacer cuando el pasado toca a tu puerta?
¿Lo enfrentas con dignidad o sentirías como si el mundo se te viniera encima?
Durante años me había hecho la misma pregunta, me había imaginado millones de escenario y nada de lo que imagine me hubiese podido preparar para este momento.
Adrián Di´Marco apareció como si fuera el jodido amo del mundo.
Atractivo, imponente y jodidamente arrogante, así era él y los años no habían hecho más que acentuar aquellos atributos que en antaño me volvían loca. Pero esta vez había algo más rugiendo en mi interior: rabia, pura y primitiva que solo me hacía querer borrarle su maldita sonrisa de un puñetazo.
Me miraba con la barbilla en alto, con el desafío brillando en sus ojos grises. ¿Qué demonios hacia aquí? ¿Qué m****a estaba buscando?
— La entrevista a terminado señores — informé, bajando del palco de discursos y dirigiendo mis pasos directo hacía él, como una fiera enfurecida.
Sin pronunciar palabra alguna, levante la mano para propinarle un puñetazo, él sostuvo mi muñeca antes de que el golpe pudiera siquiera rozarlo, aproveche el descuido para cruzarle la cara de una bofetada con mi mano libre.
El impacto del golpe resonó en el silencio que se había apoderado del salón, los presentes parecieron contener el aliento. Después de todo no todos los días vez a alguien golpeando al gran Adrián Di´Marco. El hombre más poderoso del país.
—Yo también te extrañe, cariño — aseguro, rodeando mi cintura con su brazo y atrayéndome hacia él de forma posesiva, con ese mismo ademan dominante que antes me enloquecía y ahora solo me producía nauseas.
— Suéltame, imbécil. Sabes muy bien que no me importa hacer un escándalo — amenace, con los dientes apretados. Mirándole a los ojos con la rabia ardiendo en mi interior.
Adrián soltó una carcajada, cínica y desafiante.
— Hazlo… grita, insúltame, todo lo que quieras. Nada me gusta más que deleitarme con tu dulce voz — se inclinó hacia mí, hablándome al oído en un tono bajo e íntimo — aunque… preferiría que tus gritos sean en privado, como en los viejos tiempos.
Sus dientes se cerraron sobre el lóbulo de mi oreja, enviando un escalofrío por mi columna vertebral. ¡Maldición! No podía creer que este jodido demonio aun tuviera tanto poder sobre mí.
— No voy a caer otra vez en tus juegos — le advertí, dándole un leve empujón para alejarlo de mí. Fue en vano, su figura imponente me seguía dominando. ¿Y cómo no? Con su casi metro noventa de altura, era un hombre que hacía sentir diminuto a cualquiera.
— No espero que lo hagas — respondió y la forma en que me miro, me hizo sentir que algo tramaba. Apenas unos segundos después se inclinó y en un ágil movimiento me cargo sobre su hombro, como si no pesara nada. Haciendo sentir como un simple muñeca entre sus brazos.
— ¡Adrián! — grité de la sorpresa, comenzando a patalear, intentando que me soltara, enseguida sentí como daba una palmada sobre mi nalga.
— ¡Quieta, fiera! Tú y yo tenemos un asunto que atender — soltó una risita divertida y enseguida escuche como los flashes de las cámaras eran disparados. ¡Esto saldría en primera plata!
Mis protestas fueron en vano, Adrián me saco de ahí, llevándome a un área más privada del hotel.
— ¡Bájame inmediatamente, Adrián Di´Marco o no respondo! — exigí.
— Como ordenes — me coloco sobre mis pies en el instante en que el suave clip de las puertas cerrándose llego a mis oídos.
Quedamos de pie frente a frente, mirándonos; por un segundo fue como si el tiempo no hubiese pasado; como si estos años de dolor y sufrimiento hubiesen sido borrados en el instante en que sus ojos se encontraron con los míos.
Él corto la distancia que nos separaba en dos grandes zancadas, sus manos se posaron sobre mis mejillas y sus labios se apoderaron de los míos en un beso profundo, tan intenso que parecía gritar todo lo que habíamos callado en todo este tiempo separados.
Mis piernas temblaron, mi corazón dio un vuelco y antes de darme cuenta, mis manos ya estaban enredadas en su cabello; manteniéndolo lo más cerca posible de mi mientras su lengua exploraba cada centímetro de mi boca.
Una parte de mi quería empujarlo, morderlo, pero mi cuerpo, traicionero, se rendía ante una nostalgia que era más fuerte que mi orgullo.
Un par de segundos después, mis piernas ya estaban enredadas en su cintura mientras nos movíamos por el lugar haciendo un desastre descomunal, algunas cosas quedaron en el suelo mientras Adrián y yo nos sumergíamos en una guerra de dominación y deseo.
Mi piel ardía donde sus manos dejaban una caricia. Mi respiración se hizo pesada y por un momento pareció como si el tiempo se hubiese detenido. Y de pronto… la realidad me golpeó… el dolor de su abandono, las lágrimas bajo la lluvia aquella tarde de diciembre en la que nunca llego…
Todo se arremolino en mi cabeza en cuestión de segundos, oprimiendo mi corazón de forma dolorosa.
— ¡Suéltame! — me alejé como si su cercanía me quemara y antes de ser consciente de lo que hacía, mi mano se estampo contra su mejilla con una fuerza brutal que lo hizo girar la cabeza.
Él permaneció en esa posición por largos segundos, impactado ante mi repentina reacción. Cuando se movió lo hizo para pasar su pulgar por sus labios, limpiando un hilo de sangre que había brotado después de mi agresión.
— En tu puta vida vuelvas a tocarme — lo señalé con un dedo acusatorio, mientras ponía toda mi rabia en palabras, aquellas que no pude gritarle años atrás — eres un maldito cobarde, poco hombre que no fue capaz de darme la cara. ¡Me abandonaste porque no tuviste las pelotas para enfrentarte a tu padre!, ¡Tu permitiste que nos separaran!, ¡fuiste tú quien tan solo dos días después apareció en primera plana con la mujer que tus papitos eligieron para ti!
Estaba furiosa, todo el dolor y la decepción que sentí en antaño cuando no llego a nuestra cita, cuando en lugar de recibir el esperado “te amo” que ansiaba, solo recibí el despreció de su padre, las amenazas para que me alejara de él simplemente porque él “había elegido cumplir con su deber como heredero”. Mi corazón dolía, tanto o más de lo que había dolido en el pasado.
— ¡Tú elegiste a alguien más! ¡Ahora no vengas después de tanto tiempo a hacer como si nada hubiese pasado! No vengas a buscarme como si…
— ¿Cómo si qué? Sharon — me miró, la furia ardiendo en sus ojos. Dio un paso hacia mí y sujeto mis muñecas con brusquedad, como si quisiera evitar que volviera a agredirlo — ¿Cómo si aún fueras mía?
— Ya no lo soy… y nunca más lo seré — respondí, forcejeando para liberarme de su agarre.
Adrián me miro, con esa intensidad que me hacía sentir expuesta. Una sonrisa arrogante surco sus labios mientras se inclinaba para hablarme al oído, su aliento choco contra la piel de cuello y mi oreja.
— Te tengo noticias Sharon… si lo eres… siempre lo has sido — la punta de su lengua trazo un par de círculos lentos en el lóbulo de mi oreja de forma tan provocativa que me hizo estremecer, su voz bajo a un tono mucho más íntimo, profundo — y tengo un papel que lo certifica, cariño.
Mi corazón dejo de latir por unos segundos, mis ojos se abrieron con horror mientras lo miraba sonreír como quien se sabe ganador.
— Tienes una deuda conmigo y hoy vine a cobrarla — deposito un suave beso en la comisura de mi boca — serás mi esposa Sharon, quieras o no.
En ese momento lo entendí. Estaba perdida. Adrián Di´Marco acababa de ganar una partida que ni siquiera había comenzado aún. Ese hombre me tenía en sus manos y no había nada que pudiera hacer para evitarlo.
Capítulo 25 RECURDOSAmanda cerró la llave de la ducha con movimientos lentos. El vapor aún flotaba en el aire como un velo espeso, envolviéndola en el eco de aquel silencioso baño sentía que ese recuerdo no terminaba de disiparse. La llamada de Kelly había sido breve, pero suficiente para desenterrar una inquietud que creía enterrada. Se secó con rapidez, se recogió el cabello aún húmedo en un moño improvisado y se envolvió en la bata blanca que estaba colgada, como si pudiera protegerse del mundo exterior.Al abrir la puerta del baño, lo encontró allí con Thomas, impecable en su traje azul marino, con la corbata ligeramente aflojada y una sonrisa que parecía ensayada pero no por ello menos efectiva.—Buenos días, Amanda — dijo él, con esa voz que parecía dulce que solo utilizaba con ella.Amanda tragó saliva. Su corazón aún latía con el ritmo de la llamada, pero su rostro era una máscara de serenidad. Sonrió con naturalidad, o al menos lo intentó.—Buenos días, señor presidente—.—
Capitulo 24Kelly Smith Amanda se encontraba aterrorizaba mientras corría desesperadamente por un oscuro pasillo de la casa blanca, sus pasos resonaban en el mármol pero también lo hacía los de alguien que la estaba persiguiendo por más que lo intentaba no podía ver su rostro, aunque ella sentía que se esforzaba por ir más rápido cada vez la persona estaba mas serca, su corazón latía tan fuerte que podía sentirlo en sus oido hasta que de pronto sintío un fuerte apretón que se sentia como una quemadura en su brazo izquierdo y una voz ronca dijo "Te tengo"Amanda se despertó sobresaltada después de tener esa pesadilla, su corazón aún latía fuertemente y podía sentir el dolor en el brazo donde la habian apretado. Vio a su hacia los lados y no encontró a Thomas, estrujó sus ojos, se estiró y se dió cuenta de que aún tenía el cabello húmedo, luego se dió cuenta de que su celular vibraba fuerte en la mesa de noche, lo tomo extrañada de que estuviera allí y se dió cuenta de que era un númer
Capítulo 23El contratoEl aterrizaje en la ciudad que nunca duerme o suave y tranquilo sin importar todas las circunstancias Amanda quería estar allí al lado del presidente y se sentía agradecida por estar allí con él. Llegaron a la azotea de un alto edificio en Tribeca una de las zonas más exclusivas de Nueva York y tomaron el ascensor privado hasta el penthouse, al entrar Amanda fue recibida por grandes ventanales de piso a techo dejando ver al rioHudson y la ciudad que nunca duerme.Amanda camino hasta el vidrio y lo toco con las llamas de sus dedos dejando la marca en el vidrio. Afuera hacia mucho frío, parecía que pronto comenzaría a nevar.—Esta vista es realmente hermosa— dijo ella con entusiasmo, el presidente termino de hablar con su jefe de seguridad y se acercó a ella.—Si, lo es.— suspiro y siguió hablando — Está es mi casa, quería estar en un lugar que fuera acogedor.—Amanda dió un rápido vistazo por el lugar, era un lugar enorme pero se sentía acogedor, sus ojos rápid
CAPITULO 22LA DESPEDIDAHabian pasado ya varios días y el presidente decidio hacer una ceremonia de despedida para el señor Brown, aunque no habían encontrado su cuerpo porque se perdió en el mar quiso hacer una ceremonia religiosa para que alma descansara en paz esta se realizó de forma privada, aunque algunos miembros influyentes de la política asistieron a dar condolencias al presidente, entre ellos estaba el señor Thomson quien era el padre de Amanda y gobernador de Minnesota.Su aspecto era muy elegante y joven, tal vez unos cuantos años mayor que el presidente, llevaba un traje negro con zapatos negros, sus ojos eran verdes muy penetrantes y su cabello marrón estaba peinado cuidadosamente hacia atrás, de su brazo venía una hermosa mujer con un vestido negro y porte refinado tenía los ojos marrones y cabello marrón, era una versión mayor de Amanda, se acercaron hasta el presidente y el señor Thomson hablo.—Lamentamos mucho su perdida señor presidente— Extendió su mano.—Gracias
Capitulo 21SentimientosEl presidente Thomas Brown yacía en la cama del hospital, su piel enrojecida y llena de vendas. Las noticias se habían esparcido como un incendio forestal: el líder de la nación había sufrido un terrible atentado y el vicepresidente estaba desaparecido después de sufrir otro atentado La Casa Blanca estaba en alerta máxima, y los corredores resonaban con el murmullo de los asesores y funcionarios.El medico personal del presidente, entró en la habitación del hospital sus ojos cansados reflejaban la gravedad de la situación.—Señor Presidente, ya está todo listo para su trasladarlo a la casa Blanca, pero no podemos arriesgarlo en una ambulancia terrestre. Debemos usar el helicóptero ambulancia.—Thomas asintió débilmente. Sabía que su vida estaba en juego. Pronto el helicóptero ambulancia, una aeronave especialmente equipada para emergencias médicas, aterrizó en la azotea del hospital, el rugido de las hélices llenó el aire mientras un equipo médico preparaba la
Capitulo 20 Malas Noticias La luna, como un ojo vigilante, se alzaba sobre la ciudad de Washington Amanda se apresuro por entrar a su apartamento, su corazón latiendo con una mezcla de miedo y determinación. Había dejado atrás la opulencia de la Casa Blanca, con sus candelabros de cristal y sus alfombras de terciopelo. Ahora, en su apartamento, el silencio la envolvía como una manta acogedora, no se podía quedar ni un momento mas en alla mientras no se solucionara lo ocurrido. Amanda se dejó caer en el sofá, mirando por la ventana hacia las luces parpadeantes de la ciudad. Su apartamento era pequeño, sin embargo de cierto modo se sentía feliz de estar en cada.Se levantó y fue a la habitación encendió la lámpara de la mesita de noche y se acostó en su cama a leer un libro mientras su mente repetía una y otra vez las palabras del señor Brown, sus ojos se fueron cerrando y callo en brazos de Morfeo. El sol se filtraba a través de las cortinas de la habitación acariciando el rostro d





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