Viviana
El tiempo se volvió un río distinto para Viviana. Los días que antes eran una cadena interminable de cansancio y polvo ahora tenían un respiro inesperado. Lorenzo, que cada mañana aparecía con su taxi amarillo como un sol cansado que la recogía en la puerta de la casa y la llevaba directo al trabajo. El trayecto que antes le costaba hora y media en bus, con empujones, olores rancios y discusiones de pasajeros, ahora era un viaje breve, acompañado de historias campesinas, chistes malos y