ISOLDE
La luz del sol bañó mi rostro, sus rayos danzando sobre mis párpados mientras los despegaba. En algún momento entre el miedo y el agotamiento de la noche anterior, había conseguido llegar a la enorme cama sin desmoronarme.
Un solo pensamiento, obsesivo.
Lo había visto.
Estuvo en mi habitación anoche. El Rey Alfa Mikael. No había explicación para lo que vi ni para lo que pasó.
El miedo era real, como hielo deslizándose por mis venas, y el corazón me latía como una manada de sementales gal