MIKAEL
El primer sorbo se deslizó por mi garganta como miel entretejida con fuego. Dulce. Luego equivocado. Total y irritantemente equivocado.
Esto… esto no era mi té.
Un calor profundo y pulsante floreció detrás de mi esternón y se extendió hacia afuera, lamiendo cada vena. Conocía ese sabor. Aprete la mandíbula mientras escupía el líquido de vuelta en la taza, levantando los ojos y observando su cara expectante.
Lo mantuvo aunque ya podía oler su miedo.
—¿Hiciste esto tú? —pregunté tan calmad