ISOLDE
Se había dejado apuñalar a propósito.
En toda mi vida nunca me había detenido a pensar que algo así fuera posible: que alguien pudiera hacerse algo tan descabellado a sí mismo.
¿Y para qué?
Todo mi cuerpo temblaba, la mente dando vueltas, atormentada por el crujido nauseabundo que escuché cuando la espada entró. A través de su pecho.
Por la diosa Luna, a través de su pecho.
Mis manos seguían teñidas de rojo, confirmando que no me lo había imaginado todo. Nuestro Rey era así de demente, a