El domingo amaneció con una calma que resultaba casi insultante después de los acontecimientos de los últimos días. Valeria se encontraba en la cocina del apartamento de Enzo, observando el vapor que se alzaba de su taza de café mientras intentaba procesar la nueva realidad en la que se había visto sumergida. Isabella estaba a salvo, Gabriel había sido liberado, pero la amenaza de Bianca seguía flotando sobre sus cabezas como una espada de Damocles.
Enzo apareció en el umbral de la cocina con el